Gran Canaria es un continente en miniatura, con un muestrario de paisajes muy poco corrientes, en medio de un archipiélago enormemente diverso. Por ello la Unesco decidió otorgar a la isla el sello de Reserva de la Biosfera. La isla es un parque temático de la extraña y mágica flora de la Macaronesia. Casi la mitad del espacio geográfico de Gran Canaria ha quedado incluido en la Reserva, abarcando seis núcleos de población rurales, vinculados a actividades tradicionales.
La altitud de la isla y lo abrupto del relieve posibilitan multitud de microclimas y hábitats. Desde el litoral y hasta los 300 metros de altitud dominan los ambientes áridos o hiperáridos con cardones y tabaibas. Los fondos de los barrancos y los valles están ocupados por palmerales, tarahales y sauzales. La costa, con amplios deltas sumergidos, coladas volcánicas submarinas, grandes acantilados y bancos de arena interconectados.
Todo este zumo natural produce la riqueza en biodiversidad donde se mueven la tortuga boba, el delfín mular o el calderón gris. Cada día se reúnen todos, en una nueva representación. Mil climas y mil especies naturales bailando juntos en una isla Reserva de la Biosfera.





